Al comenzar a vivir los ochocientos años del Tránsito de San Francisco de Asís, nos unimos en una herencia de Paz y Bien que sigue transformando el mundo.
Aquella noche de octubre de 1226, el ‘Poverello’ no abrazó el final, sino el encuentro definitivo con la Vida, enseñándonos a llamar a la muerte ‘hermana’ y a ver en la fragilidad una puerta hacia la plenitud.
Hoy, su legado de fraternidad universal, cuidado de la creación y humildad resuena con más fuerza que nunca, invitándonos a despojarnos de lo superfluo para vestirnos de una alegría auténtica. Celebrar su paso al cielo es renovar nuestro compromiso de ser instrumentos de paz en un mundo que anhela la esperanza que él sembró.»
San Francisco de Asís, ruega por nosotros.





